miércoles, 5 de agosto de 2009

6 de Julio de 2009. Frankfurt.

Me he propuesto transcribir el que fue mi Cuaderno de Bitácora durante un viaje que duró veinticinco días y que ha sido el viaje que más me ha marcado.

¿Para qué seguir introduciendo?



Ahora mismo estoy muy cansada. Estamos en el albergue y ya estoy metida en la cama, en la que no quepo y encima he empezado el cuaderno al revés (empecé por la última página en vez por la primera, es lo que tiene escribir a oscuras).

Hoy el día ha comenzado en el Metro de Colombia, donde hemos quedado Pablito, Carlos, María y yo. Pablito llegaba tarde (según María, algo habitual en él) y le hemos esperado en Barajas. Tras una cola inmensa, a Carlos le han puesto pegas porque no llevaba impreso el papel del "Check in" así que ha tenido que pagar 40 euros tras esperar otra cola para que le diesen un resguardo que ni han mirado más adelante a la hora de darle la tarjeta de embarque.

Me he despedido de David.

Tras dos horas de vuelo, en el que Pablito y María me han enseñado a jugar al mus, hemos llegado al Aeropuerto de Frankfurt Hahn, que realmente no está en Frankfurt, sino a 1 hora y 45 minutos en autobús. Del trayecto en autobús he sacado dos conclusiones:
- Tanto el conductor como la señora que nos han vendido los tickets no tenían un buen día.
- Los bosquecitos de camino a Frankfurt me han recordado mucho a Cartavio (lugar de Asturias dónde vivi durante 9 años).

Frankfurt es un sitio precioso, ideal para vivir. Las calles son muy anchas, las casas no son demasiado altas (excepto el centro económico), la gente es muy amable y ecologista. Al llegar a Haupfbahnhof, hemos llegado al albergue que María y yo habíamos reservado y en el que estamos "durmiendo" ahora mismo.


Para llegar al albergue hemos estado a punto de tomar un autobús, pero costaba dos euros y finalmente hemos ido andando (con las mochilas y cruzando toda la ciudad, prácticamente). Al llegar, Carlos y Pablito no tenían habitación asi que hemos tenido que buscar otro que, digamos, no es igual que el nuestro. Está situado en la zona de Sex Shops y Clubs de alterne de Frankfurt y regentado por un señor turco que daba un poco miedo.

Después de esto hemos ido a cenar (María y yo, pizza, Carlos y Pablo, un Kebab) y a Pablito le ha entrado antojo de cerveza, asi que hemos acabado en Römerplatz en un sitio que prácticamente nos han echado nada más llegar porque eran las 23:30 (una locura).

Una vez en el albergue he tenido un accidente con el champú y los adolescentenes no paran de gritar. Fin de la comunicación. Hasta mañana.

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