Al llegar al albergue todo era ciertamente caótico: gente esperando a tener habitación, gente durmiendo por los pasillos. Pablito ya había hecho amigas que le advirtieron de esta anarquía, pero por suerte nosotros teníamos una habitación gigante para nosotros y otro inquilino, un inglés que tenía una colonia muy agradable.
Salimos (por fín) del albergue y fuimos a recorrer la ciudad con un sol y un calor del infierno. De hecho Carlos tuvo que irse de lo mal que se encontraba. Vimos la Iglesia de San Esteban, el Parlamento por fuera, el puente de las cadenas... Dimos un recorrido por toda la ciudad y acabamos volviendo a casa tras visitar unos bares que recomendaba la guía de Budapest que daban en el albergue (luego no eran para tanto). Nos dimos un palizón y volvimos al albergue para dormir porque al día siguiente ¡nos esperaban los Baños Gellert!
El día 15 de Julio nos dirigimos al balneario Gellert a pasar la mañana que se alargaría hasta las 16:00 de la tarde. ¡Era genial! Había una piscina interior dónde una vez se rodó un anuncio de Danone y un baño termal interior, una piscina exterior de agua "fría" (21 grados) con olas y una piscina exterior que, literalmente, estaba hirviendo. Estuvimos bañándonos continuamente, el calor acompañaba. También descubrimos una serie de especies a catalogar:
- Ingleses que hacían el pino en la parte que menos cubría de la piscina, pudiendo darse un piñazo.
- La mamá-porno cn labios operados, pechos operados, bañador wonder-bra, tacones en la piscina y posturita sexy mientras saludaba a sus hijas.
Juro que en ese momento todos estaban imitando a la porno-mami, pero disimularon para la foto (sin avisarme)
Cuando volvimos al albergue Pablito estaba saliendo de la ducha y le pedimos que nos pusiese crema en la espalda que teníamos quemadísima de los baños Gellert. Fue quitarnos la camiseta y aparecer un desfile de chicos que decidieron hacer una ruta turística por el baño.
Tras el "momento crema", nos fuimos un rato a la zona común (es decir, el pasillo) a charlar un poco y desubrimos otros dos tipos de personas a catalogar:
- El españolito pijo-impertinente que se cree que todo el mundo tiene ganas de escuchar la música que lleva en su móvil-celular-de última generación.
- Desfile de ingleses en calzoncillos que nos hacían la competencia a María y a mi sin camiseta pero que no llegaban a nuestro nivel.
El 16 de Julio nos levantamos con la primera idea de ir al Parlamento pero acabaríamos visitando el bastión de los pescadores en un principio, un sitio precioso con muchos músicos, vendedores ambulantes y chicos con halcones amaestrados. El halcón tenía un casco que no le permitía ver, lo cual me parecía denigrante (y me lo sigue pareciendo).
Tras el bastión, compramos las entradas del Parlamento pero la visita no era hasta las 16:00 así que fuimos a comer al McDonalds dónde yo me dedico a comer ensaladas insípidas pero tiene wifi y podemos hacer nuestras importantes gestiones de hombres-mujeres de negocios con el iPhone de Carlos.
Tras huntarnos de crema solar fuimos a ver el Parlamento por dentro. Muy bonito, con unas columnas muy bonitas, una corona con una cruz torcida, unas lámparas con 205 bombillas, 96 escalones, y más datos que nos dió un guía que adoraba su patria húngara y odiaba la Unión Soviética (o sus chistes eran muy malos).
Tras el Parlamento fuimos a la calle Andrassi a descubrir la Plaza de los Héroes que es espectacular.
Nos sentamos al lado de un lago un tanto asqueroso pero en el que la gente se bañaba sin ningún pudor. Sobre todo un niño que se cayó tras dos horas de hacer el tonto. Había patitos chiquititos y les dimos de comer.
Volvimos de la calle Andrassi colándonos en el tranvía (cosa que hemos hecho esta mañana también para ir a la estación) y María y yo nos sentamos un rato en la entrada del albergue a charlar mientras los chicos iban a comprar agua y desayuno. Volvieron con galletas (que probamos, por si acaso, al instante) y agua con gas por lo que cuando María y yo nos fuimos a dormir, ellos fueron a por agua a las fuentes del Gellert.
Hoy nos hemos levantado, hemos ido a la estación y nos hemos despedido de Pablo y Carlos (lo que, sinceramente, me ha dado un poco de pena). Ahora María y yo estamos en el tren camino a Zagreb.
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