sábado, 22 de agosto de 2009

19 de Julio de 2009. Zagreb.

Estamos en un autobús a Zadar (Croacia). Hemos tenido una serie de problemas con el tren (que íbamos a la aventura sin reservar y se ha llenado) y las opciones eran esperar a mañana, perdiendo un día de depósito del apartamento de Zadar, tener que pagar una noche más en el albergue de Zagreb y perder un día del viaje. De todos modos he de decir que en la estación de trenes de Zagreb Glovni Kolod, no se enteran muy bien de sus horarios y trenes, porque nos querían colar en un tren a Knin y de ahí conexión a Zadar cuando NO EXISTÍA tal conexión. Tampoco nos avisaron las cinco mil veces que preguntamos sobre los trenes a Zadar. Conclusión: nos hemos tenido que aguantar y con resignación comprar un billete de bus por 115 Kunas (18 euros).

María no encuentra la postura y tenemos una señora que no sabe hablar sin gritar a sus hijos, pero es bastante cómodo.


El día 17 fue un laaaaargo día en tren. Lo cogimos a las 14:00 y no llegamos a Zagreb hasta las 20:30. Al principio estábamos en uno de los asientos que no necesitaban reserva en el que hacía un calor horrible. Luego se liberaron unos asientos más cómodos y reptamos hasta ellos. De todos modos no parábamos de hacer bromas, sobre todo María que era la que más sufría.
Luego nos cambiaron de vagón porque en el que estábamos no iba a Zagreb y nos metieron en uno de los asientos que sí necesitaban reserva con unas chicas argentinas. Entonces fue el momento del desfile policial. Apareció primero un policía húngaro que nos pidió los pasaportes haciéndonos preguntas sobre los mismos. A mi estuvo a punto de darme la risa. Luego apareció el policía Croata a hacer el mismo proceso y finalmente un señor que preguntaba si teníamos algo que declarar y que qué llevábamos en las maletas (sin abrirlas, claro).

Llegamos a Zagreb con treinta minutos de retraso y tras devorar una pizza, nos pusimos rumbo al albergue colándonos elegantemente en el tranvía número cuatro. Tuvimos que caminar a oscuras por calles sospechosas para llegar a un lugar que NO era nuestro albergue, ya que estaba en obras y lo habían trasladado dos calles (por dónde acabábamos de pasar). Cuando al fin llegamos estábamos derrotadas, pero las señoras que regentaban el hostal eran muy simpáticas (y tenían ACDC como música de fondo).

Dormimos y al día siguiente cuando salimos del albergue hacía un día perfecto… o eso parecía. Llegamos a una plaza en el que estaba teniendo lugar un festival folklórico en el que nos quedamos a mirar cómo bailaban unos chicos húngaros muy divertidos. Entonces empezó el diluvio universal que nos pilló en pantalón corto. Nos metimos en un McDonalds a tomar café y conectarnos a internet hasta que amainase, pero a las 13:00 aún no había parado, así que nos volvimos a colar en el tranvía para ponernos pantalones largos y un chubasquero en el albergue.
Fue vestirnos y dejar de llover. Por la tarde nos dedicamos a ver Zagreb que me encantó. Vimos la catedral, una estatua de una virgen que cuando llovía daba miedo, una estatua de un señor con bigote que ahora no recuerdo el nombre, la Iglesia del Sagrado Corazón (muy bonita), un mirador, una estatua del “pillo” de la ciudad…

Lugareñas croatas

Vistas desde un mirador

Virgen tétrica.


Más tarde fuimos a comprar desayuno-comida-cena de hoy y nos dirigimos al albergue dispuestas a prepararnos para salir, pero una vez ahí retornó el diluvio universal, con tormenta. A las 23:00 estábamos dormidas.


Recuerdo esa noche, recuerdo mirar por la ventana y sentir que estaba en Zagreb, sentada en el borde de la ventana y ver cómo caía la lluvia, cómo la tormenta iluminaba el cielo. Sentir que eres capaz de todo.

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