Después de dieciséis horas de tren, llegamos a Viena. Parecía imposible, pero sobrevivimos a prácticamente una noche sin dormir, además de tener que pagar una multa por llevar los pies encima del asiento.
Tras la llegada a la estación y ya reservar nuestros billetes para Munich al cabo de unos días, nos dieron un plano enorme con una letra diminuta. Nos colamos en el Tranvía 18 y llegamos a Strawberry Youth Hostel, una residencia de estudiantes que en verano se convierte en albergue juvenil.
María decidió dormir un poco, yo me duché, envié algunos emails y me fui a recorrer el barrio, barrio de juventud universitaria y donde encontré un supermercardo para comprar algunas cosas de necesidad por una buena calidad-precio (que era muy barato, vaya). Luego llevaría a María para que ella también comprase lo que necesitaba.
Nos dimos un paseo y dimos con una heladería irresistible. Lo intentamos, pero no hubo manera, nos acabamos tomando un helado gigante... lo merecíamos después de dieciséis horas de viaje.
Cuando volvimos a la habitación, descubrimos que teníamos una compañera de habitación australiana muy simpática y parlanchina. Hablamos un rato con ella y fuimos a la cocina común del albergue, a cenar algo. Allí estaban Patricia, Carlos, Antonio I, Antonio II y Carlos, los dos primeros de Valencia y los tres segundos de Toledo. Empezamos a hablar con ellos y resultaron ser muy simpáticos, por lo que nos quedamos hablando con ellos hasta las 00:00, que nos fuimos a la cama, derrotadas.
domingo, 23 de agosto de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario