sábado, 22 de agosto de 2009

22 de Julio de 2009. Bibinje (Zadar)

Estamos en el tren que nos llevará a Zagreb para luego tomar el de camino a Viena. Hemos pasado unos días en Bibinje, cerca de Zadar (Croacia), zona de Dalmacia. Al llegar, tuvimos que esperar dos horas de autobús, que nos llevaba de Zadar a Bibinje, pero no fue la gran espera. Cuando (¿al fin?) llegamos al apartamento Nedjinko, que teníamos reservado, no había ningún dueño. Llegamos a las cinco o seis de la tarde y sólo dimos con huéspedes, entre los cuales estaba Killiam, un alemán de la zona de Strasburgo que quería estudiar medicina. Estuve hablando con él un buen rato sobre economía, sistema educativo y sistema sanitario de nuestros países. Era un chico muy simpático y muy culto para tener dieciocho años que hizo más amena nuestra espera. Sobre las 21:00 decidí llamar a un número que encontramos en un corcho que parecía ser el número directo al Taxi del dueño de la casa cuyo inglés era muy “croata” pero conseguimos entendernos. Nos dijo que nos metiésemos en la habitación número cuatro.

El apartamento era una casa normal del entorno rural de Croacia y su dueño, con su señora (que según Killiam les había hecho una tarta, pero a mi y a María no nos dio ese placer) que no hablaba nada de inglés, alquilaban por habitaciones. La nuestra era una habitación con una cama de matrimonio y un baño privado que fue, durante unos días, nuestro nido de amor.


Al día siguiente fuimos a la playa ya por la mañana, aunque más que playa era un malecón con el agua muy calentita.


Los días han pasado entre playa, sol, mosquitos (tuvimos unas picaduras increíbles), helados de cincuenta céntimos de Euro, lugareños que no sabían hablar sin gritar. Ayer por la mañana, cuando salíamos del apartamento, nos encontramos con un hombre de unos setenta años con fuerte acento americano que nos contó que era de California. Por su acento poco le faltó decir "tengo una serpiente en mi bota" y escupir tabaco masticable.

Por la noche fuimos a dar un paseo por el puerto deportivo que estaba iluminado y en el que hacía una temperatura muy agradable (no como este tren-sauna).
Han sido, en definitiva, unos días de relax.

Hoy nos hemos dedicado a esperar por el tren Zadar. Hemos sigo perseguidas por el "loco del pueblo", que hacía soniditos, que creemos que son los propios del apareamiento croata.



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