Nos levantamos y bajamos a la cocina a desayunar café soluble que habíamos comprado el día anterior (¡y muesli!). Salimos a la calle y nos dirigimos al centro pasando por Mariahilferstrasse, la calle más comercial de Viena.
En el centro vimos el Museums Quartier, el palacio imperial, la iglesia de Saint Michel, cuyo altar me impresionó más que ningún altar que haya visto nunca (y eso que entré en la iglesia haciéndole bromas a María de que tenía que hacerle una reverenncia al "Señor" al pasar por el pasillo del altar). Era precioso, con estatuas blancas, con un cielo lleno de angelitos. Salimos y, paseando por el centro (vamos, que no encontrabamos el sentido del plano) llegamos a St. Stefan, que estaba bien, pero tampoco llamaba mi atención.
Tras seguir dando paseos, acariciar caballos, ver palomas, etc, fuimos a la Ópera y entramos con un guía, que no sólo nos mostró TODA la Ópera, sino que nos contaba las historias de las obras. La Ópera era bastante moderna, porque aunque en su origen era muy espectacular, tras los bombardeos de la II Guerra Mundial, Austria no tenía el suficiente dinero como para reconstruirla tal y cómo era en un origen.
Salimos de la Ópera y decidimos tomarnos un Apfelstrudel, por lo que fuimos a una cafetería "Aida" que son típicas de Viena. Nos pedimos un Apfelstrudel y una Sachentorte y dos cafés, todo para compartir.
Entonces fuimos al Prater, pasando por el Stadtpark, dónde estaba la estatua de Strauss, Schubert, Schindler (aunque este último no le vimos) y el Kunthaus, una especie de sala de conciertos. También había patos, cuervos y palomas, una buena convivencia de razas.
Acudimos al Prater, aunque antes pasamos por un supermercado a comprar cereales para el dia siguiente así como unos Bacardi Breezer para el momento, pero eso no fue lo reseñable, sino que un señor que pagaba delante de mi compró TREINTA Y OCHO tabletas de Milka.
Ya en el Prater, tuve que subirme a la noria de "El tercer hombre", debido a mi emoción por estar delante de esa noria. Nos dimos un paseo por el parque de atracciones que tenía un gran encanto y nos colamos en el Tranvía número cinco. Dentro ayudamos a una señora mayor como buenas girlscouts.
En el albergue limpié algo de ropa ya que no me quedaba NADA para el día siguiente. También fuimos a llamar a Powers a un locutorio. Al volver al albergue, nos sentamos un rato en un parque y un chico asomó por una ventana diciendo "¡Están hablando español!" y de una forma un poco descarada se puso a hacernos preguntas.
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