domingo, 16 de agosto de 2009

11 de Julio de 2009. Tren camino a Praga.

Ayer fue un día muy divertido. Comenzó con el desayuno gratuito del albergue. Me llevé una gran sorpresa al ver que había MUESLI para desayunar. Cien puntos para el albergue.

Luego me duché y mis compañeros se despertaron así que poco a poco se prepararon y nos fuimos a ver Praga. Elegimos ver el centro de la ciudad, la Ciudad Vieja, etc.

En seguida habíamos visto casi todo: la torre de la Pólvora, el Puente de Carlos V(de nuevo), el ayuntamiento y el reloj astrológico. Seguimos caminando y caminando y fuimos hacia el albergue con ánimo de salir un rato, pero la fiesta vino a nosotros.

Cuando estábamos en la sala común del albergue, Pablo se puso a echar el ojo a unas chicas. Bromeábamos, yo me propuse para presentárselas. Entonces un hombre de unos cincuenta o sesenta años bebedor de vino preguntó si nos importaba que se pusiese a tocar la guitarra. Le dijimos que por supuesto que no y empezó a tocar. A mi me entraron unas ganas tremendas de tocar la guitarra, pero me contuve por el momento. De este modo, fuimos llenando la sala y apareció un chico canadiense de unos treinta años que empezó a tocar. Entre canción y canción sonaron temas como “I wish you were here” de Pink Floyd, “Layla” de Eric Clapton y “Taylor” de Jack Johnson. En plena canción de Jack Johnson dejó de tocar, pero le pedí que por favor continuase.

Empezamos a hablar, el chico había estado en México y hablaba un español muy fluido. Le confesé a María mis ganas de tocar y ella se encargó de decírselo al chico. Me temblaban las manos pero conseguí tocar “Wonderwall” de Oasis. Dos chicos (Eric y Daniel, noruegos ambos) se unieron a María y a mi con la canción. Acabamos haciendo un grupo muy simpático gracias a Gol, el hombre de 59 años que portaba la guitarra consigo.

Al final de la noche, lo más divertido fue hablar con los chicos noruegos, ya que unas chicas belgas empezaron a gritar y a intentar ser el centro de atención.

Al día siguiente nos levantamos y tras disfrutar del MUESLI de nueo, partimos hacia el castillo de Praga, dónde también había que pagar para todo. En él estaba el callejón de Oro, dónde estaba la casita dónde vivía Fran Kafka, pues si en Frankfurt teníamos a Goethe, en Praga tenemos a Frank Kafka (y en Cracovia tendríamos a Juan Pablo II).

Por la tarde fuimos a dar una vuelta y acabamos en el Mc Donalds, jugando a las cartas y bebiendo café. Más tarde fuimos a buscar souvenirs y regalos, pero yo no encontré nada de nada. Entonces compramos desayuno y nos dirigimos a la estación para coger el tren hacia Cracovia. El tren salía a las 21:09 y llegaba a Cracovia a las 06:33. Dormimos en un compartimento de seis personas con dos chicas irlandesas Nadine y Sarah. Eran muy simpáticas.

Dormí como una hora y media en ese tren. Cuando llegamos a Cracovia fuimos al albergue.

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