sábado, 26 de septiembre de 2009
Cuaderno de Bitácora.
Claro que las sensaciones que viví durante esos viajes, me los dejo para mí.
Gracias por leer(me).
miércoles, 26 de agosto de 2009
30 de Julio de 2009. Fin del viaje.
Estamos en Frankfurt, ya en el último día de nuestro interraíl. Estamos en la habitación preparando todo para mañana, que cogemos el avión a Madrid. En el aeropuerto nos esperarán Powers, David y Jose Manuel (el padre de María) (NOTA*: Al final no fue el padre de María, sino Jorge, su hermano).
El día 26 fuimos a Munich y tras recorrer una calle larguíííísima, llegamos al albergue dónde el encargado hablaba en un inglés gangoso ("Room mumber?" "¿Mambo?"). Nos peleamos un poco con él y con las reservas, era un poco torpe, acabó haciéndonos dos facturas a cada una no entendemos muy bien por qué.
Llegamos a la habitación y había un séquito de locas barcelonesas, cuyo interraíl trataba de
- un día de fiesta 24 horas non-stop
+
- seguido de un día de siesta 24 horas non-stop
+
- un día de tomar el sol 24 horas non-stop.
La verdad es que eran muy divertidas.
Nos fuimos a la cama relativamente pronto porque estábamos matadas.
Al día siguiente nos levantamos y fuimos a recorrer Munich. Era una ciudad con mucho encanto y muy musical. Prácticamente en cada esquina había un músico tocando, lo cual me encantó. Vimos el ayuntamiento, Frauenkirche, cuyas torres me encantaron, un mercado lleno de comidas, bebidas y flores alemanas (Virtualienstrasse) y caminamos, caminamos, caminamos. De vez en cuando nos tirábamos en algún jardín dónde se estaba muy agusto, el tiempo era muy bueno y generalmente podías escuchar la música procedente de alguna esquina.
La ciudad no era muy grande, pero sí muy bonita, con muchas zonas peatonales y millones de bicicletas.
Tras comer una típica salchicha alemana con una jarra de agua, fuimos a Hofbrauhause, la cervecería más grande del mundo a tomarnos... ¡un capuccino! Yo me tomé también la segunda Apfelstruddle del viaje, que me dejó hecha una bolita. Me llenó muchísimo.
Por la tarde seguimos caminando y nos dirigimos al albergue, aunque antes pasamos por un locutorio para dar señales de vida a mis allegados (familia y novio).
Al llegar al albergue nos encontramos con las chicas catalanas que se estaban preparando para ir de fiesta. Al día siguiente tenían que hacer el "Check out", pero cuando sus alarmas sonaron, las únicas que se despertaron fuímos María y yo. Me duché y como no se levantaban, decidimos avisarlas por si perdían algún tren. Tenían que hacer el "Check out" en 10 minutos y no sólo tenían toda la ropa desperdigada, sino que aún estaban borrachas, por lo que nos partíamos de la risa con ellas. Una de ellas sacó del bolso dos pulseras reflectantes amarillo fosforito que le habían regalado en la discoteca de la noche anterior y nos las regaló a Mary y a mi.
Finalmente consiguieron irse, María se fue a duchar y bajamos al supermercado en busca de cena. La subimos al cuarto y nos fuimos a la ciudad en busca de regalos (que no encontramos, tan sólo encontré una jarrita de cerveza para mis padres).
Tras el intento fallido de comprar, nos fuimos a ver la residencia real de Maximiliano, que era impresionante pero más aún lo eran sus jardines. Nos sentamos en el parque y María se encontraba muy mal, así que fuimos al albergue. Allí estuvimos viendo la MTV alemana en una tele del cuarto con sus programas estúpidos que hacían que el tiempo pasase más deprisa. Entonces llegaron cuatro japonesas, dos madre y dos hijas, que se acostaron con ropa a las 20:00 para levantarse a las 6:00 AM sin ducharse. No hablaban nada de inglés y eran bastante bordes. En fín, así fue nuestra última noche en Munich, guardando silencio por nuestras compañeras orientales, cosa que ellas no hicieron cuando se levantaron a las 6 de la mañana.
Residencia de Maximiliano
Al día siguiente (29 de Julio) era nuestro último día del billete de Interríl, así que nos fuimos a Frankfurt. Tras comer una pizza de un pizzero muy gracioso, cantarín y multilingüe, cogimos el tren que tardaría tres horas hasta Frankfurt.
Al llegar, estuvimos descansando y nos encontramos a una española con la que hablamos dos palabras. Le dijimos que Frankfurt se veía muy rápidamente.
Por la noche fuimos al Sam Sports Bar, lugar dónde nos habíamos tomado unos cócteles los días que pasamos en Frankfurt con Pablito y Carlos. El camarero era un rubio llamado Benny, muy amanerado pero simpático y gracioso. Le llamábamos "Blondie Benny" (no a la cara, claro). Acabamos yendo a una discoteca horrible de modernos, dónde a mi (cómo no) me entró el sueño y acabamos yendo a la cama.
Esta mañana nos hemos despertado, hemos desayunado en el buffet del albergue y básicamente nos hemos ido de compras en busca de regalos. Hemos contado céntimos para comer y hemos seguido dando vueltas hasta que finalmente hemos vuelto al albergue. Yo me he encontrado con la chica de ayer, que me ha preguntado si era de Asturias ("Pero si yo no tengo acento...") y cuando le he contestado que había vivido allí, me dice que es Alba, de Medal, que tocaba la flauta en mi conservatorio. El mundo es un pañuelo. Me ha estado contando toda su vida (sí, yo no la reconocí y ella a mi sí).
Luego nos hemos tumbado en la cama y me he despertado muy atontada. Así que estamos vagueando. Y mañana termina todo esto...
martes, 25 de agosto de 2009
26 de Julio de 2009. Tren a Munich.
Nos despertamos (así como un extraño japonés que nos tocó en la habitación, nos gustaba más la australiana) y fuimos al Schonnbrum, que sí que es impresionante, con sus parques, fuentes, zoo, teatro de marionetas... María se tomó unas patatas fritas y yo un helado de un señor muy majo con gorro gigante (no es que le robase su helado al señor, es que el señor vendía helados).
Tras la laaaarga vuelta al albergue caminando (no nos colamos elegantemente en ningún sitio), hicimos la comida, comimos y nos tiramos en la sala de la Televisión a ver programas estúpidos de la MTV, mientras hacíamos tiempo para coger el tren en el que estamos ahora... ¡rumbo a Munich!
25 de Julio de 2009. Viena, día 3.
Nos levantamos-desayunamos y fuimos a Mariahilferstrasse en busca de algún regalo que, por cierto, no encontramos, por lo que nos dirigimos a ver el Parlamento.
La zona era muy tranquila, supongo que de alta seguridad. Vimos el Parlamento, el Teatro del Pueblo (Volkstheater) y el Rathaus (ayuntamiento). Delante del ayuntamiento había un festival de cine (pero proyectaban óperas) por lo que había una pantalla gigante en la fachada del mismo, así como puestos de comida de diferentes países. Decidimos comer allí, se estaba bien, había música electrónica, sillas y mesas con sombrita.
Después de estar un rato más allí, nos dirigimos en busca de regalos, pero era tan frustrante y aburrido que fuimos a Belvedere. El palacio era precioso y seguro que la colección era increíble, pero la falta de fondos hizo que nos quedásemos en el jardín descansando un rato y disfrutando del lugar.
Nos dirigimos al albergue y yo al Albergue y yo lavé más ropa para luego estar charlando en la habitación, cenar, ponerme hasta arriba de cereales (me estuvo doliendo la tripa un rato) y fuimos a llamar a David, pero la llamada se cortó.
domingo, 23 de agosto de 2009
24 de Julio de 2009. Viena, día 2.
Nos levantamos y bajamos a la cocina a desayunar café soluble que habíamos comprado el día anterior (¡y muesli!). Salimos a la calle y nos dirigimos al centro pasando por Mariahilferstrasse, la calle más comercial de Viena.
En el centro vimos el Museums Quartier, el palacio imperial, la iglesia de Saint Michel, cuyo altar me impresionó más que ningún altar que haya visto nunca (y eso que entré en la iglesia haciéndole bromas a María de que tenía que hacerle una reverenncia al "Señor" al pasar por el pasillo del altar). Era precioso, con estatuas blancas, con un cielo lleno de angelitos. Salimos y, paseando por el centro (vamos, que no encontrabamos el sentido del plano) llegamos a St. Stefan, que estaba bien, pero tampoco llamaba mi atención.
Tras seguir dando paseos, acariciar caballos, ver palomas, etc, fuimos a la Ópera y entramos con un guía, que no sólo nos mostró TODA la Ópera, sino que nos contaba las historias de las obras. La Ópera era bastante moderna, porque aunque en su origen era muy espectacular, tras los bombardeos de la II Guerra Mundial, Austria no tenía el suficiente dinero como para reconstruirla tal y cómo era en un origen.
Salimos de la Ópera y decidimos tomarnos un Apfelstrudel, por lo que fuimos a una cafetería "Aida" que son típicas de Viena. Nos pedimos un Apfelstrudel y una Sachentorte y dos cafés, todo para compartir.
Entonces fuimos al Prater, pasando por el Stadtpark, dónde estaba la estatua de Strauss, Schubert, Schindler (aunque este último no le vimos) y el Kunthaus, una especie de sala de conciertos. También había patos, cuervos y palomas, una buena convivencia de razas.
Acudimos al Prater, aunque antes pasamos por un supermercado a comprar cereales para el dia siguiente así como unos Bacardi Breezer para el momento, pero eso no fue lo reseñable, sino que un señor que pagaba delante de mi compró TREINTA Y OCHO tabletas de Milka.
Ya en el Prater, tuve que subirme a la noria de "El tercer hombre", debido a mi emoción por estar delante de esa noria. Nos dimos un paseo por el parque de atracciones que tenía un gran encanto y nos colamos en el Tranvía número cinco. Dentro ayudamos a una señora mayor como buenas girlscouts.
En el albergue limpié algo de ropa ya que no me quedaba NADA para el día siguiente. También fuimos a llamar a Powers a un locutorio. Al volver al albergue, nos sentamos un rato en un parque y un chico asomó por una ventana diciendo "¡Están hablando español!" y de una forma un poco descarada se puso a hacernos preguntas.
23 de Julio de 2009. Viena, día 1.
Tras la llegada a la estación y ya reservar nuestros billetes para Munich al cabo de unos días, nos dieron un plano enorme con una letra diminuta. Nos colamos en el Tranvía 18 y llegamos a Strawberry Youth Hostel, una residencia de estudiantes que en verano se convierte en albergue juvenil.
María decidió dormir un poco, yo me duché, envié algunos emails y me fui a recorrer el barrio, barrio de juventud universitaria y donde encontré un supermercardo para comprar algunas cosas de necesidad por una buena calidad-precio (que era muy barato, vaya). Luego llevaría a María para que ella también comprase lo que necesitaba.
Nos dimos un paseo y dimos con una heladería irresistible. Lo intentamos, pero no hubo manera, nos acabamos tomando un helado gigante... lo merecíamos después de dieciséis horas de viaje.
Cuando volvimos a la habitación, descubrimos que teníamos una compañera de habitación australiana muy simpática y parlanchina. Hablamos un rato con ella y fuimos a la cocina común del albergue, a cenar algo. Allí estaban Patricia, Carlos, Antonio I, Antonio II y Carlos, los dos primeros de Valencia y los tres segundos de Toledo. Empezamos a hablar con ellos y resultaron ser muy simpáticos, por lo que nos quedamos hablando con ellos hasta las 00:00, que nos fuimos a la cama, derrotadas.
sábado, 22 de agosto de 2009
22 de Julio de 2009. Bibinje (Zadar)
El apartamento era una casa normal del entorno rural de Croacia y su dueño, con su señora (que según Killiam les había hecho una tarta, pero a mi y a María no nos dio ese placer) que no hablaba nada de inglés, alquilaban por habitaciones. La nuestra era una habitación con una cama de matrimonio y un baño privado que fue, durante unos días, nuestro nido de amor.
Al día siguiente fuimos a la playa ya por la mañana, aunque más que playa era un malecón con el agua muy calentita.
Los días han pasado entre playa, sol, mosquitos (tuvimos unas picaduras increíbles), helados de cincuenta céntimos de Euro, lugareños que no sabían hablar sin gritar. Ayer por la mañana, cuando salíamos del apartamento, nos encontramos con un hombre de unos setenta años con fuerte acento americano que nos contó que era de California. Por su acento poco le faltó decir "tengo una serpiente en mi bota" y escupir tabaco masticable.
Por la noche fuimos a dar un paseo por el puerto deportivo que estaba iluminado y en el que hacía una temperatura muy agradable (no como este tren-sauna). Han sido, en definitiva, unos días de relax.
Hoy nos hemos dedicado a esperar por el tren Zadar. Hemos sigo perseguidas por el "loco del pueblo", que hacía soniditos, que creemos que son los propios del apareamiento croata.
19 de Julio de 2009. Zagreb.
María no encuentra la postura y tenemos una señora que no sabe hablar sin gritar a sus hijos, pero es bastante cómodo.
El día 17 fue un laaaaargo día en tren. Lo cogimos a las 14:00 y no llegamos a Zagreb hasta las 20:30. Al principio estábamos en uno de los asientos que no necesitaban reserva en el que hacía un calor horrible. Luego se liberaron unos asientos más cómodos y reptamos hasta ellos. De todos modos no parábamos de hacer bromas, sobre todo María que era la que más sufría. Luego nos cambiaron de vagón porque en el que estábamos no iba a Zagreb y nos metieron en uno de los asientos que sí necesitaban reserva con unas chicas argentinas. Entonces fue el momento del desfile policial. Apareció primero un policía húngaro que nos pidió los pasaportes haciéndonos preguntas sobre los mismos. A mi estuvo a punto de darme la risa. Luego apareció el policía Croata a hacer el mismo proceso y finalmente un señor que preguntaba si teníamos algo que declarar y que qué llevábamos en las maletas (sin abrirlas, claro).
Llegamos a Zagreb con treinta minutos de retraso y tras devorar una pizza, nos pusimos rumbo al albergue colándonos elegantemente en el tranvía número cuatro. Tuvimos que caminar a oscuras por calles sospechosas para llegar a un lugar que NO era nuestro albergue, ya que estaba en obras y lo habían trasladado dos calles (por dónde acabábamos de pasar). Cuando al fin llegamos estábamos derrotadas, pero las señoras que regentaban el hostal eran muy simpáticas (y tenían ACDC como música de fondo).
Dormimos y al día siguiente cuando salimos del albergue hacía un día perfecto… o eso parecía. Llegamos a una plaza en el que estaba teniendo lugar un festival folklórico en el que nos quedamos a mirar cómo bailaban unos chicos húngaros muy divertidos. Entonces empezó el diluvio universal que nos pilló en pantalón corto. Nos metimos en un McDonalds a tomar café y conectarnos a internet hasta que amainase, pero a las 13:00 aún no había parado, así que nos volvimos a colar en el tranvía para ponernos pantalones largos y un chubasquero en el albergue. Fue vestirnos y dejar de llover. Por la tarde nos dedicamos a ver Zagreb que me encantó. Vimos la catedral, una estatua de una virgen que cuando llovía daba miedo, una estatua de un señor con bigote que ahora no recuerdo el nombre, la Iglesia del Sagrado Corazón (muy bonita), un mirador, una estatua del “pillo” de la ciudad…
Más tarde fuimos a comprar desayuno-comida-cena de hoy y nos dirigimos al albergue dispuestas a prepararnos para salir, pero una vez ahí retornó el diluvio universal, con tormenta. A las 23:00 estábamos dormidas.
Recuerdo esa noche, recuerdo mirar por la ventana y sentir que estaba en Zagreb, sentada en el borde de la ventana y ver cómo caía la lluvia, cómo la tormenta iluminaba el cielo. Sentir que eres capaz de todo.
miércoles, 19 de agosto de 2009
17 de Julio de 2009
Al llegar al albergue todo era ciertamente caótico: gente esperando a tener habitación, gente durmiendo por los pasillos. Pablito ya había hecho amigas que le advirtieron de esta anarquía, pero por suerte nosotros teníamos una habitación gigante para nosotros y otro inquilino, un inglés que tenía una colonia muy agradable.
Salimos (por fín) del albergue y fuimos a recorrer la ciudad con un sol y un calor del infierno. De hecho Carlos tuvo que irse de lo mal que se encontraba. Vimos la Iglesia de San Esteban, el Parlamento por fuera, el puente de las cadenas... Dimos un recorrido por toda la ciudad y acabamos volviendo a casa tras visitar unos bares que recomendaba la guía de Budapest que daban en el albergue (luego no eran para tanto). Nos dimos un palizón y volvimos al albergue para dormir porque al día siguiente ¡nos esperaban los Baños Gellert!
El día 15 de Julio nos dirigimos al balneario Gellert a pasar la mañana que se alargaría hasta las 16:00 de la tarde. ¡Era genial! Había una piscina interior dónde una vez se rodó un anuncio de Danone y un baño termal interior, una piscina exterior de agua "fría" (21 grados) con olas y una piscina exterior que, literalmente, estaba hirviendo. Estuvimos bañándonos continuamente, el calor acompañaba. También descubrimos una serie de especies a catalogar:
- Ingleses que hacían el pino en la parte que menos cubría de la piscina, pudiendo darse un piñazo.
- La mamá-porno cn labios operados, pechos operados, bañador wonder-bra, tacones en la piscina y posturita sexy mientras saludaba a sus hijas.
Juro que en ese momento todos estaban imitando a la porno-mami, pero disimularon para la foto (sin avisarme)
Cuando volvimos al albergue Pablito estaba saliendo de la ducha y le pedimos que nos pusiese crema en la espalda que teníamos quemadísima de los baños Gellert. Fue quitarnos la camiseta y aparecer un desfile de chicos que decidieron hacer una ruta turística por el baño.
Tras el "momento crema", nos fuimos un rato a la zona común (es decir, el pasillo) a charlar un poco y desubrimos otros dos tipos de personas a catalogar:
- El españolito pijo-impertinente que se cree que todo el mundo tiene ganas de escuchar la música que lleva en su móvil-celular-de última generación.
- Desfile de ingleses en calzoncillos que nos hacían la competencia a María y a mi sin camiseta pero que no llegaban a nuestro nivel.
El 16 de Julio nos levantamos con la primera idea de ir al Parlamento pero acabaríamos visitando el bastión de los pescadores en un principio, un sitio precioso con muchos músicos, vendedores ambulantes y chicos con halcones amaestrados. El halcón tenía un casco que no le permitía ver, lo cual me parecía denigrante (y me lo sigue pareciendo).
Tras el bastión, compramos las entradas del Parlamento pero la visita no era hasta las 16:00 así que fuimos a comer al McDonalds dónde yo me dedico a comer ensaladas insípidas pero tiene wifi y podemos hacer nuestras importantes gestiones de hombres-mujeres de negocios con el iPhone de Carlos.
Tras huntarnos de crema solar fuimos a ver el Parlamento por dentro. Muy bonito, con unas columnas muy bonitas, una corona con una cruz torcida, unas lámparas con 205 bombillas, 96 escalones, y más datos que nos dió un guía que adoraba su patria húngara y odiaba la Unión Soviética (o sus chistes eran muy malos).
Tras el Parlamento fuimos a la calle Andrassi a descubrir la Plaza de los Héroes que es espectacular.
Nos sentamos al lado de un lago un tanto asqueroso pero en el que la gente se bañaba sin ningún pudor. Sobre todo un niño que se cayó tras dos horas de hacer el tonto. Había patitos chiquititos y les dimos de comer.
Volvimos de la calle Andrassi colándonos en el tranvía (cosa que hemos hecho esta mañana también para ir a la estación) y María y yo nos sentamos un rato en la entrada del albergue a charlar mientras los chicos iban a comprar agua y desayuno. Volvieron con galletas (que probamos, por si acaso, al instante) y agua con gas por lo que cuando María y yo nos fuimos a dormir, ellos fueron a por agua a las fuentes del Gellert.
Hoy nos hemos levantado, hemos ido a la estación y nos hemos despedido de Pablo y Carlos (lo que, sinceramente, me ha dado un poco de pena). Ahora María y yo estamos en el tren camino a Zagreb.
domingo, 16 de agosto de 2009
13 de Julio de 2009. Tren a Budapest.
Hoy nos hemos levantado a las 7 AM para ir a Ausvitz. El iraní ha decidido darnos un día más de ventaja, pero no sabía que en el último momento habíamos decidido irnos antes. Un autobús nos ha recibido en la puerta del albergue y yo que tenía un dolor de cuello horrible, no me he dormido hasta la hora y 15 minutos de viaje, es decir, a quince minutos de llegar a Austvitz.
El campo es algo horrible. Es símbolo del terror y el holocausto judío, pero no por ello no se te deja de hacer un nudo en la garganta en la visita. Las cosas que más me sorprendieron-aterrorizaron fueron ver cuatro toneladas de pelo de mujer que se cortaban después de gasearlas con Ciclamato B y que luego utilizaban para hacer tejidos como mantas, calcetines, etc. Otro dato espeluznante es que una mujer cuando llegó al campo pesaba
Por la tarde hemos vuelto a Cracovia a tirarnos en una plaza del barrio judío. Pablito ha dormido su resaca, le he depilado las cejas a María, me he tomado un helado y he escrito las postales para David y papás. Hemos ido al centro comercial, que está al lado de la estación y ahora estamos en el tren camino a Budapest.
12 de Julio de 2009. Cracovia.
Al llegar al albergue, aún no podíamos hacer el “Check in” (no hasta las 2) pero nos dejaron usar la ducha. En la ducha conocimos a Aarón (de Huesca) y Javier (de Barcelona). Más tarde nos fuimos a ver la ciudad de Cracovia, que en realidad es muy pequeñita, pero muy bonita. Por la mañana hemos visto el castillo, la catedral y el casco antiguo.
Después hemos comido (pizza…mmm) y María y yo hemos venido al albergue a dormir la siesta porque creíamos que nos dormíamos de pie. Al llegar hemos descubierto que en nuestra habitación tenemos unas alemanes que se han tragado un megáfono y un iraní que nos matará esta noche, no porque sea iraní, sino porque es inquietante.
Tras la siesta hemos comprado los billetes para Ausvitz (a dónde iremos mañana) y nos hemos ido al barrio judío dónde Carlos se ha comido dos baguettes gigantescas y nos hemos tomado una copa en un bar con mucho encanto, parecía en cierto modo comunista, pero tomar zumo de limón SIN azúcar es difícil.
Mañana seguiré escribiendo si el iraní no nos ha matado o en su defecto no he asesinado a ninguna alemana-altavoz.
11 de Julio de 2009. Tren camino a Praga.
Ayer fue un día muy divertido. Comenzó con el desayuno gratuito del albergue. Me llevé una gran sorpresa al ver que había MUESLI para desayunar. Cien puntos para el albergue.
Luego me duché y mis compañeros se despertaron así que poco a poco se prepararon y nos fuimos a ver Praga. Elegimos ver el centro de la ciudad,
En seguida habíamos visto casi todo: la torre de
Cuando estábamos en la sala común del albergue, Pablo se puso a echar el ojo a unas chicas. Bromeábamos, yo me propuse para presentárselas. Entonces un hombre de unos cincuenta o sesenta años bebedor de vino preguntó si nos importaba que se pusiese a tocar la guitarra. Le dijimos que por supuesto que no y empezó a tocar. A mi me entraron unas ganas tremendas de tocar la guitarra, pero me contuve por el momento. De este modo, fuimos llenando la sala y apareció un chico canadiense de unos treinta años que empezó a tocar. Entre canción y canción sonaron temas como “I wish you were here” de Pink Floyd, “Layla” de Eric Clapton y “Taylor” de Jack Johnson. En plena canción de Jack Johnson dejó de tocar, pero le pedí que por favor continuase.
Empezamos a hablar, el chico había estado en México y hablaba un español muy fluido. Le confesé a María mis ganas de tocar y ella se encargó de decírselo al chico. Me temblaban las manos pero conseguí tocar “Wonderwall” de Oasis. Dos chicos (Eric y Daniel, noruegos ambos) se unieron a María y a mi con la canción. Acabamos haciendo un grupo muy simpático gracias a Gol, el hombre de 59 años que portaba la guitarra consigo.
Al final de la noche, lo más divertido fue hablar con los chicos noruegos, ya que unas chicas belgas empezaron a gritar y a intentar ser el centro de atención.
Al día siguiente nos levantamos y tras disfrutar del MUESLI de nueo, partimos hacia el castillo de Praga, dónde también había que pagar para todo. En él estaba el callejón de Oro, dónde estaba la casita dónde vivía Fran Kafka, pues si en Frankfurt teníamos a Goethe, en Praga tenemos a Frank Kafka (y en Cracovia tendríamos a Juan Pablo II).
Por la tarde fuimos a dar una vuelta y acabamos en el Mc Donalds, jugando a las cartas y bebiendo café. Más tarde fuimos a buscar souvenirs y regalos, pero yo no encontré nada de nada. Entonces compramos desayuno y nos dirigimos a la estación para coger el tren hacia Cracovia. El tren salía a las 21:09 y llegaba a Cracovia a las 06:33. Dormimos en un compartimento de seis personas con dos chicas irlandesas Nadine y Sarah. Eran muy simpáticas.
Dormí como una hora y media en ese tren. Cuando llegamos a Cracovia fuimos al albergue.
viernes, 14 de agosto de 2009
9 de Julio de 2009. Frankfurt-Praga
El día de hoy ha sido una auténtica aventura. A las 00:55 de la madrugada del 8 al 9 teníamos que coger el tren a Praga, desde la estación de Frankfurt (Main) Süd. Antes de llegar descubrimos un bar con cocktails a 3 euros y decidimos tomar uno. Entonces unos alemanes muy inteligentes de unos 40 años hicieron su gran aparición y empezaron a jugar con una estufa de gas exterior. Abrieron el gas y a todos nos empezó a dar un poco de miedo , porque pretendían encender la estufa con vela para que todos saltásemos por los aires.
Una vez en la estación esperamos a que llegase el tren rodeados de japoneses y al entrar en el tren descubrimos que unas simpáticas personas ocupaban nuestros asientos.
Acudimos al revisor, el cual nos dijo que había un problema: que nuestros billetes estaban reservados para el día anterior. Nuestra amiga la china inepta nos había reservado mal. Nos salvó que el revisor era un buen hombre con muchos hijos como nosotros y nos dejó su cuarto para dormir. Aún así éramos cuatro personas en un cuartito de una persona, y aunque yo soy la más grandota, era un poco imposible dormir. A partir de Dresden, el señor revisor simpático nos dejó un cuarto de camitas que se había liberado. Fue acostarnos y caer en coma.
A las 10:35 AM hemos llegado a Praga y nos hemos dirigido al Albergue, que me encanta. ME ENCANTA. Es un antiguo polideportivo regentado por un hippie. Dormimos en el polideportivo, las duchas son los vestuarios. Todo está reciclado y decorado de colores. Ponen música en una radio. Es genial.
Después de ducharnos, vestirnos, etc nos hemos ido a ver el puente de Carlos V, muy bonito, con muchos artistas, músicos, etc. También hemos ido al barrio judío y hemos visto el cementerio y cuatro sinagogas, así como una estatua de Frank Kafka.
Nos hemos dedicado a pasear y sin quererlo hemos acabado en
Cuando caminábamos buscando un sitio para cenar, ha empezado a diluviar como el último día. Nos hemos resguardado en el portal de una casa durante más de media hora. En realidad nos seguíamos mojando pero menos y un señor ha pasado con cinco paraguas diferentes, creo que para demostrarnos su capacidad para tener paraguas. Nos hemos metido en un Restaurante muy bonito, con velitas y peces en una gran pecera (con los que, como no, me he puesto a halar y uno me ha entendido, voy mejorando en mi idima marino checo). He cenado ensalada de tomate y mozarella más una botella de agua mineral por 3 euros. Luego nos hemos venido al albergue para limpiar la ropa, se me da genial fregar a mano, sí, sí, sí.
Ahora estoy esperando que Pablo libere el ordenador con el que tenemos acceso a internet en el albergue para poder escribir a mis allegados.
sábado, 8 de agosto de 2009
8 de Julio de 2009. Frankfurt III.
Luego hemos ido a dar un paseo por la zona comercial. Las tiendas eran las mismas que en España (H&M, Zara, New Yorker...) pero como María estaba un poco mala de la garganta, hemos ido a ver si encontrábamos un pañuelo barato para que se lo pusiera alrededor del cuello. No lo hemos encontrado, pero lo que sí hemos visto es a un señor con un cucurucho gigante de patatas fritas, a lo que María y yo no hemos podido resistirnos. No es que se lo hayamos robado al señor, sino que hemos comprado uno. Estaban riquísimas. Tan sólo eran las 12:30, pero ya teníamos hambre.
Como llovía a ratos, nos hemos metido en un centro comercial, descubriendo que tenía un ático gigante dónde se podía ver toda la ciudad. Nos hemos tirado al suelo a jugar a las cartas hasta que ha escampado y nos hemos subido a disfrutar de las vistas.
Finalmente hemos acabado en un McDonalds jugando a las cartas y bebiendo coca-colas&fantas de 1 euro. Después de todo, ya habíamos visto toda la ciudad, estábamos cansados y estaba lloviendo. En el juego nos hemos apostado que quien perdiese llegando a 500 puntos se encargaría de comprar la cena. Yo ya no podía más, por lo que me he dejado perder (muahaha) y he sido yo la que ha comprado la cena.
Básicamente hemos descansado para tener fuerzas para mañana ir a Praga. Ahora estamos en el Albergue haciendo tiempo para ir a la Estación y coger el tren.
miércoles, 5 de agosto de 2009
7 de Julio de 2009. Frankfurt II día.
Después de recorrernos prácticamente todo Frankfurt (bueno, todo el centro), hemos encontrado tres supermercados seguidos (muy típico).
Mientras tanto, hemos hecho un estudio sociológico:
- Son miopes (hay muchas ópticas).
- Son hipocondríacos (hay una farmacia en cada esquina).
- Comen mucho pan.
- Les encantan los zapatos.
Finalmente hemos conseguido nuestro objetivo (un supermercado, fruta y agua mineral) y hemos ido a por Pablito y Carlos a la plaza del ayuntamiento (Römerberg) dónde también había unas casas de colores muy bonitas (Orzeile). Hemos dado una vuelta y hemos llegado al jardin arqueológico (un campamento romano con termas y una residencia real). Lo hemos visto desde arriba. Por esa misma zona también nos hemos encontrado con unos edificios llamados Saalgasse, muy originales, uno de ellos con un Unicornio y un Dragón.
Entones ha empezado a diluviar y un hombre se ha reído de nosotros. Hemos optado por meternos en la Catedral Impersial, dónde había un órgano bastante impresionante. También había unas lápidas con calaveras muy siniestras y unas cabezas de armaduras un tanto simpáticas.
Cuando ha dejado de llover, hemos decidido seguir recorriendo la ciudad. Al llegar las doce, hemos pasado por un supermercado para comprar comida y nos hemos pasado por el Albergue para hacer el Check In de nuestra nueva habitación para cuatro personas (la cual es enorme). Tenemos cuatro literas, dos armarios y un séquito de adolescentes que corretean de lado a lado de los pasillos. Hemos hecho la comida, y de vuelta a la calle.
Por la mañana, mientras María y yo nos aventurábamos en busca de un supermercado, habíamos descubierto un cementerio judío, por lo que antes de nada se lo hemos enseñado a Carlos y Pablo . Era precioso, estaba compuesto por una fosa común y una serie de plaquitas con nombres de cada uno de los judíos de Frankfurt que murieron en la II Guerra Mundial.
En nuestro paseo hemos encontrado un edificio muy bonito convertido en cafetería que hemos descubierto que era un antiguo edificio de la guardia. También había una torre perteneciente a la ciudad imperial (del año 1400, aproximadamente, antiguamente había como 60 torres) que también había sido convertido en cafetería. Muchas cafeterías. Café.
Hemos comido tirados por el suelo y hemos ido hacia el paseo de Goethe, la plaza de Goethe, la casa dónde nació Goethe... Y la vieja ópera.
Una vez allí nos habíamos dado cuenta de que prácticamente habíamos visto toda la ciudad, por lo que hemos paseado por unos parquecitos que llevaban hasta el Banco Central Europeo (donde me he tirado al suelo para hacerle unas fotos a Pablo, según él, para su CV).
Estos parques tan bonitos prácticamente conectaban la Ópera con el Río... ¡Tenían conejitos! Me he tirado al suelo (de nuevo) y el más pequeñín ha comido de la mano... ¡Increíble!
Hemos segudo caminando, a partir de ahora, nuestra actividad favorita, y tras comprar la cena, hemos ido al albergue con la intención de dejar todo en la habitación. Hemos mirado cómo podíamos ir a Praga y descubierto que debíamos reservar para poder viajar de noche, así que hemos ido a la Estación Sur, que estaba al lado del albergue. De allí saldremos mañana, y allí nos hemos encontrado con una encargada de los Tickets incompetente, que no sabía inglés y que tardaba eones en atender a cada persona. No me extraña que cada persona que estaba allí era para protestar por algo.
De ahí nos hemos ido a tomar una Sidra típica alemana en Sachsenhausen, el barrio de nuestro albergue. El lugar elegido era muy bonito, con un patio interior con enredaderas entrecruzadas por el techo. Se llama Klaane-sachsenhauser. El hombre que nos ha atendido era simpatiquísimo. Nos hemos puesto a jugar a las cartas y cada vez que pasaba a nuestro lado hacía alguna onomatopeya. Cuando he ido a pagar, se ha reído al recibirme con 8 euros en la mano (es que tenía mucho trabajo y jamás venia a cobrarnos). Debemos añadirle que el hombre llevaba un mullet descomunal, lo que le hacía más añorable.
Estábamos muy cansados, asi que finalmente nos fuimos al albergue a descansar.
6 de Julio de 2009. Frankfurt.
¿Para qué seguir introduciendo?
Ahora mismo estoy muy cansada. Estamos en el albergue y ya estoy metida en la cama, en la que no quepo y encima he empezado el cuaderno al revés (empecé por la última página en vez por la primera, es lo que tiene escribir a oscuras).
Hoy el día ha comenzado en el Metro de Colombia, donde hemos quedado Pablito, Carlos, María y yo. Pablito llegaba tarde (según María, algo habitual en él) y le hemos esperado en Barajas. Tras una cola inmensa, a Carlos le han puesto pegas porque no llevaba impreso el papel del "Check in" así que ha tenido que pagar 40 euros tras esperar otra cola para que le diesen un resguardo que ni han mirado más adelante a la hora de darle la tarjeta de embarque.
Me he despedido de David.
Tras dos horas de vuelo, en el que Pablito y María me han enseñado a jugar al mus, hemos llegado al Aeropuerto de Frankfurt Hahn, que realmente no está en Frankfurt, sino a 1 hora y 45 minutos en autobús. Del trayecto en autobús he sacado dos conclusiones:
- Tanto el conductor como la señora que nos han vendido los tickets no tenían un buen día.
- Los bosquecitos de camino a Frankfurt me han recordado mucho a Cartavio (lugar de Asturias dónde vivi durante 9 años).
Frankfurt es un sitio precioso, ideal para vivir. Las calles son muy anchas, las casas no son demasiado altas (excepto el centro económico), la gente es muy amable y ecologista. Al llegar a Haupfbahnhof, hemos llegado al albergue que María y yo habíamos reservado y en el que estamos "durmiendo" ahora mismo.
Para llegar al albergue hemos estado a punto de tomar un autobús, pero costaba dos euros y finalmente hemos ido andando (con las mochilas y cruzando toda la ciudad, prácticamente). Al llegar, Carlos y Pablito no tenían habitación asi que hemos tenido que buscar otro que, digamos, no es igual que el nuestro. Está situado en la zona de Sex Shops y Clubs de alterne de Frankfurt y regentado por un señor turco que daba un poco miedo.
Después de esto hemos ido a cenar (María y yo, pizza, Carlos y Pablo, un Kebab) y a Pablito le ha entrado antojo de cerveza, asi que hemos acabado en Römerplatz en un sitio que prácticamente nos han echado nada más llegar porque eran las 23:30 (una locura).
Una vez en el albergue he tenido un accidente con el champú y los adolescentenes no paran de gritar. Fin de la comunicación. Hasta mañana.